Después del Edén, Arte en Cuernavaca 1974-2014

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Noviembre 12, 2015

Después de Edén presenta un panorama del arte en Cuernavaca de las últimas cuatro décadas. El inicio de esta exposición es 1974, año de la muerte del artista David Alfaro Siqueiros en Cuernavaca; una fecha que se podría entender como el fin de la modernidad artística en México y que también supone una época de transformación para la capital morelense. Los artistas que se establecieron en esta ciudad desde entonces, han habitado un lugar distinto a la época dorada de los años cuarenta, cuando los viajeros lo percibían como un paraíso turístico “bajo el volcán” y algunos artistas e intelectuales lo seleccionaron como lugar para el exilio y centro de actividades políticas y sociales.

Desde finales de los años sesenta, Cuernavaca se extendió territorialmente para convertirse en un motor industrial para el país. Las nuevas fábricas aumentaron la población, que a su vez originó modernas zonas residenciales y el surgimiento de colonias populares, así como la apertura de comercios y servicios para la nueva metrópoli. Después del terremoto en la ciudad de México de 1985, diversas familias se mudaron a Cuernavaca para habitar permanentemente sus casas vacacionales. En consecuencia, la ciudad se ha convertido en un doble escenario: el que se mantiene como un lugar de recreo con jardines y centros turísticos y otro con sectores mercantiles e industriales que tienen una fuerte repercusión en la vida cotidiana de sus habitantes.

Después del Edén pretende ser un relato del impacto que ha tenido la transformación de la ciudad en la producción de algunos de los artistas visuales que viven o han vivido en Cuernavaca. Sus obras están reunidas en grupos temáticos que son fundamentales para comprender la relación del arte local con su contexto, como son el jardín y el paisaje, la vida en la ciudad y la iconografía popular. Por lo tanto, estos escenarios nos dan una visión de un lugar que a pesar de su desarrollo y su historia brusca y agitada, aún mantiene la esencia descrita por el poeta Alfonso Reyes como una “ciudad tibia y de discreto aire tropical”.

Los núcleos temáticos de esta exhibición están basados en el libro Las Aves de este día de la poeta morelense Kenia Cano.

AL FONDO DEL JARDÍN 

Desde el siglo XVI, el jardín ha sido uno de los temas más recurrentes en las crónicas de escritores y viajeros que han pasado por Cuernavaca. A finales de los años setenta del siglo pasado, proliferaron los jardines domésticos que aislaban la vida cotidiana de los nuevos comercios y la industria. La frase “detrás de los muros” se volvió común desde entonces para describir aquellos lugares con plantas exóticas y vergeles tropicales que no eran visibles desde la calle pero mantenían la esencia de la “eterna primavera”—una frase utilizada por Alexander Von Humboldt desde el siglo XIX para describir la ciudad.

En las obras presentadas en este núcleo, el jardín aparece como parte de un relato personal, y por lo tanto adquiere distintas connotaciones. Por un lado, la vegetación es utilizada a partir de sus cualidades formales y orgánicas, desde una perspectiva naturalista o desde una relación somática. Por otro lado, el jardín es enmarcado como locus amoenus o ‘lugar ameno’, un tópico utilizado en la historia del paisaje, para poner de manifiesto el vínculo entre el espacio doméstico y el jardín como escenario idílico que generalmente es visto desde la ventana.

LA PLAZA ABIERTA 

Desde finales de los años noventa, la ciudad de Cuernavaca se convirtió en el escenario ideal para las primeras generaciones de artistas egresados de las escuelas de arte locales. Los edificios en construcción, casas abandonadas, domicilios particulares y bares clandestinos se transformaron en centros de exhibición para acciones e intervenciones temporales. Dentro de los tópicos comunes, fueron recurrentes la noción de habitar y deshabitar espacios domésticos, una condición inherente a la ciudad debido a su constante oferta y demanda inmobiliaria. Además, las obras se poblaron de aves, insectos y perros callejeros de la fauna urbana que es usual encontrar en los espacios públicos.

Finalmente, la cercanía con la Ciudad de México, a una hora de distancia por la autopista de cobro inaugurada desde 1952, ha marcado la producción de los artistas que transitan constantemente por ambas urbes. Lo anterior, sumado a la fisonomía de Cuernavaca—configurada a partir de sus múltiples barrancas—han propiciado un interés de los artistas por los trayectos, cartografías y espacios geográficos que delimitan la experiencia de recorrer y transitar la ciudad.

TODAS LAS LENGUAS

Los artistas que comenzaron a producir en la ciudad durante los años ochenta, retomaron elementos de la vida cotidiana que incorporaban tanto objetos e imágenes encontrados en la urbe, junto con frases coloquiales y elementos de la iconografía popular. Por una parte, algunas obras se sumaron a una estética posmoderna que auguraba las nuevas tendencias del arte mexicano del momento, descritas por el crítico Olivier Debroise en 1987 como “un arte de la parodia, que confunde las definiciones, borra las fronteras entre alta cultura y cultura cotidiana, se nutre de la iconografía más banal”. Por otra parte, los artistas que utilizaron un lenguaje incisivo, alteraron los significados de la materia así como los códigos de artefactos y detritus urbano. Estos nuevos objetos culturales adquirieron una postura crítica e irónica hacia movimientos, conductas y teorías de la sociedad del momento. Actualmente, los artistas con estas tendencias, han configurado un nuevo bestiario urbano a partir del collage, caracterizados por la relación entre técnicas artesanales de Cuernavaca e imágenes populares.

NO SE LLAMA NI SE NOMBRA 

Diversos artistas se han desprendido de la representación de símbolos y tópicos locales para explorar conceptos y técnicas que se vinculan a otras problemáticas del arte moderno y contemporáneo. No obstante, estas obras se derivan precisamente de conversaciones, objetos y materiales de la experiencia cotidiana. La abstracción o los lenguajes similares al arte conceptual, revelan una inquietud por renovar los discursos y adoptar nuevas estructuras de pensamiento en el arte de la ciudad. Los artistas presentados en este núcleo tienen intereses diversos, que incluyen desde objetos cotidianos y el diseño, hasta patrones geométricos y espirituales. A pesar de las diferencias, todos ellos utilizan procesos similares de apropiación, deconstrucción y repetición que transforman las imágenes y formas en nuevos sistemas tanto lingüísticos como poéticos.

EL SOL NO SE MUEVE 

El paisaje ha sido retomado por algunos artistas de Cuernavaca desde una visión intuitiva y mítica. Aún cuando ciertos elementos clásicos de este género están sutilmente insinuados en determinadas obras, en realidad son dos temas distintos que han aparecido constantemente: el cuerpo y la geometría. Esto sugiere una mirada distinta que por una parte es psicológica y por otra formal. En la primera, es evidente cómo los artistas ubican el cuerpo en un lugar central del paisaje, revelando comportamientos anímicos y psíquicos. Por lo tanto, el entorno local aparece como un lugar de extravío y aislamiento. En la segunda, los artistas se apropian de paisajes anónimos para ser acentuados a partir de patrones, retículas y figuras geométricas. En esta aproximación, está implícito el interés por hacer una construcción del espacio a través de la mirada, un tópico común en la representación del paisaje; en ambas relaciones, el paisaje implica ver y habitar.

 

4b. Jimmie Durham

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